miércoles, 5 de noviembre de 2008

Hada Luna y Yo


Y la tarde tomaba color de sombras. La carrera púrpura de la ausencia llenaba el desbordante vacío de esa soledad inminente, aquella pálida por la espera, por la necesario partida de una estrella. La Luna pensante cambiaba de cuarto menguante a llena de un soplido a otro, sentía el intenso peso del aire al respirar, sólo estábamos la noche y Yo.

Al partir pálida Ella, la luz se apoderaba de mi rostro, y casi sin poder verla despedía su redondeado cuerpo. Vacilante luz... obliga a mi reloj terminar el día.

Paso a paso, caminaba despacio y titubeante, no sabía si se encontraba en algún bar, algún café o simplemente tras de mi.
Una peque luz se lograba divisar en aquél callejón oscuro. Una llama. No, una fogata improvisada de papel periódico y revistas del magazine. Bajo unos harapos algo paresido a una mujer se desenrrollaba de las subtelas.

Arrinconé mi mirada, de pavor y regocijo a vez. Semidesnuda, o quizá solo cubierta por sus manos, sus cabellos eran rizos perfectos, cobrizos perfectos, levantó su rostro, sus ojos amarillos, de pupilas grandes... pestañas inmensas y enrojecidas. Su labios eran pequeños y frágiles, tanto como sus brazos y piernas. Silencio.

En toda esa aventura olvidé que había caido la noche. Miré al cielo y Luna no estabas por ningún lado. Al mirar a la chica, ésta sonrió tímidamente y no vaciló en tomar mi mano y con un beso me elevó hasta cielo.

Esa y todas la noches, le veo sentada en la Luna, tocando sus rizos.