domingo, 17 de junio de 2012

Mi Abrigo siente frío



Hondo el vacío que desata esta lluvia. Golpea fuerte el tejado de mi alma y humedece el fondo de mi corazón.

El calor que escapa de mi cuerpo, reseca la piel y adormece las manos. Tiemblan mis cimientos, junto al tronar tras los relámpagos.

Ensimismado y sin pensar, sin creer en la cordura que alguna vez gobernó esta locura, abrupta retirada de un jovial replicar de emociones. Crece sin mesura mas carece de frialdad, y es que al contrario; es un mar de ardor que quema el corazón.

Lágrimas por la ventana, corren libres por el vidrio atraídos por gravedad de la paupérrima sensatez.

Llano el vacío... el viento empuja este hogar, aferrado a un suelo baldío. No produce frutos. Sedentario, cauteloso, mas sin conocer la causa, conociendo los efectos.

Aprisionado a aquellos sueños... oigo la lluvia y el viento como olvidando la sutileza que ya no duermo y tengo frío.

El follaje de tu cuerpo abandonó el albergue de mi abrigo.

martes, 12 de junio de 2012

Envuelto en violines


Se acercaba raudamente la hora y cada minuto me impacientaba mucho más. Mi corazón salía por mi garganta.

Necesitaba verte, necesitaba sentir tus ojos mirándome, contemplándome como ninguna otra. Necesitaba de tu voz, de tus susurros de complicidad... de tu silencio. Había tanto que contar, tanto que decir, necesitaba saber qué te aqueja, y qué entorpece tu descanso, qué te distrae de lo cotidiano y qué te trae a ello.

Se nos venía encima el tiempo, tan vertiginoso como el crecer del amor.

Ya se hacía tarde y mi silencio no podía esperar más, sólo quería estar contigo. Sólo quería compartir contigo el instante en que podía respirar, el instante en que el corazón late, para que la vida recorra el cuerpo, le de tacto a mis manos y visión a mis ojos que lo único bello que tienen es un pequeño destello del brillo de los tuyos. Este día brillaban mucho más.

Mis intenciones si bien no eran claras, eran voluntarias de improvisar. El silencio marchito me había hecho calcular muy bien mi actuar y no esperaban nada a cambio más que me dijeras cuanto quisieras decirme, pero que por fin escapara de ti. Que tus inquietudes fuesen mías, tu silencio esboza magulladuras en mi alma.

Pero todo fue un trámite...

Llegada la hora, por fin te vi. Hermosa como siempre pero, si hubieses sido como la Luna... estabas asomándote radiante tras un espectacular eclipse. Tras ese corte de cabello eras más bella que en mis recuerdos. Pero todo pasó tan rápido...

No hubo espacio al diálogo, sólo abocarnos a lo que programamos hacer. Tan frío y distante... dos gotas de lluvia en el océano. Pero intenté buscarte, entre más aleteaba en el mar, más agua dispersaba.

Terminamos de configurar... era la hora de partir. No titubeaste en querer salir rápido, te esperé unos segundos mirándote desde abajo... te veías tan grande, tan hermosa. Como siempre te he visto, algo más que Yo, lo único bueno de mi... eres tú.

Camino a tu destino no valía la pena decir palabras... el frío se las llevaría como el calor que roba del aliento.
Sólo guardé un silencio agobiante, transgresor. No quisiste ser lo suficientemente persuasiva al preguntarme qué sucedía. No quise ser tan débil, quería ver tu preocupación...

Lo demás fue más triste, no supe cómo llegué a casa... ahora intento dormir, envuelto en violines.

viernes, 8 de junio de 2012

Grillete de papel

Desde hace algunas horas, quizá días, he sentido una extraña inconsecuencia dentro de mi ser...

Una orquesta sin director, cuya batuta la dirige entonces quién?  Obligado a armarme de insensible valor para conmemorar mi fe, para sentir seguridad en mi para dar entonces, una buena imagen. Estoy aburrido.

Hace mucho la depresión era una palabra olvidada en mi memoria, como aquellas situaciones que olvido a menudo. Pero vuelve reconfortada y duradera, más fuerte que antes. No me siento desafortunado al contraerla, pero no es el momento indicado. Hubiese querido estarla esperando... pero como antes dije, la había olvidado.

Hoy sentí algo que hace un tiempo había dejado atrás. Fue una mirada tal vez, o mi actitud de inconmensurable pasión por abrir mi sensibilidad al mundo. Pero de algo estoy seguro, y es que encontré otra sometida al mismo yugo de lo bestial. No demoré en reconocer su mirada de frialdad, pero vi su fuego interno. Vi hervir su sangre al hacerme notar como su símil. Ocupe cada reflejo que pillé para seguir estudiándole; sus movimientos suaves, pero vertiginósamente calculados. Sabía que le observaba, inclusive sentía el calor de su iris penetrándome. Quería saber más de mi, no cometí el error de darme a conocer. Pero aún así me sabía... me tenía tan estudiado como yo a ella.

Muchedumbre nos envolvía, aprovechaba entonces de descansar viéndoles. Eso obligaba a mis ojos a dejar de mirar. Traté de darle importancia a otras cosas que no tenían sentido, qué más podía hacer; su mirada me carcomía por dentro, me fundía el alma y torturaba mis entrañas. Estaba inmerso en saber qué podría hacerme que hiciera cambiar mi compasión, esa que sentía de mi, por no ser el mismo de antes.

Podía sentir como si la Luna estuviese ahí, mirándome pálida. Pero su radiar era más fuerte estando más cerca de día, la noche no bastaba para ella. Tenía que hacerme sentir extraño cuando la oscuridad nos deja también.

Comenzó a ordenar sus cosas, miré dónde íbamos y para cuando volví a mirar, no estaba. Se había esfumado como el aliento al imaginarle mordiendo mi cuello. Yo bebiendo de ella, aherrojado al aroma de su piel y la humedad completa de su ser. Mi cuerpo tembló, suficiente como para volverme a la realidad...

Conecté mis audífonos y continué... en la realidad no había música de fondo.