...una duda incomodaba mi existencia, mas no sabía que no sólo eso terminaría por abrumarme.
Esa tarde fui a la casa de mi novia, pero esta no no lucía como de costumbre. Crucé el umbral de la puerta y me topé con una cama, una gran cama. Estaba la hermana de mi novia y su madre acostadas y muy bien tapadas. Como mi duda me la podía resolver la propia hermana de mi novia, no embromé en acudir a ella casi ignorando la condición en la que me hacía presente. Me acerqué a la cama por un costado, específicamente el izquierdo desde el respaldo. La hermana con mucha calma me escuchaba sobre lo que necesitaba si ayuda.
En muy poco rato resolvió mi problema.
Yo que estaba sentado en el colchón, muy cómodo por cierto, agradecídamente la miré y sonreí. Me enderecé y miré hacia mi frente. Había un gran espejo. Me alcanzaba a ver junto con la hermana de mi novia. Pero sentí una gran atracción a volver a mirarle. No dudé y lo hice, sin embargo me acerqué tanto a ella que me besó suavemente. Quedé pasmado. Me heché para atrás, pero me reincorporé enseguida y la besé tiernamente, recorriendo todo el borde de sus labios, probé cada linea de aquellos.
Todo esto sucedía, porsupuesto mientras su madre dormía. Sin embargo nuestra sensación fue lenta, sutil y precabida.
De un momento a otro, no pude seguir el juego con su boca y me alejé abrúptamente. Me senté en la orilla de la gran cama y para mi sorpresa estábamos en la orilla opuesta. Me levanté y caminé por un pasillo que daba a un dormitorio obscuro. Había un caos total con las cosas, ropas tiradas por aquí y allá. De pronto llega mi novia, mi querida niña, pero algo había en Ella, estaba maltraída, desgreñada, esmirriada, se notaba mal dormida. Su cabello estaba mojado. Al parecer venía de salida de la ducha. La tomé y la abracé, apretándola fuertemente, como si fuese a desaparecer. Me miraba con sus hermosos ojos, que apenas podía verlos.
No me habló, sólo me observaba con atención y ternura. Sentí ganas de besarla, pero no era capaz. Se veía tan frágil. Le volví a abrazar y todo se desvaneció.
El obscuro cuarto se hizo aún más negro y sólo me quedaba despertar.
Sentí mucha rabia, abrí mis ojos bruscamente....
Estaba en mi cama.
Afortunadamente sólo fue un mal sueño.
Mi tormento era fugaz.
Esa tarde fui a la casa de mi novia, pero esta no no lucía como de costumbre. Crucé el umbral de la puerta y me topé con una cama, una gran cama. Estaba la hermana de mi novia y su madre acostadas y muy bien tapadas. Como mi duda me la podía resolver la propia hermana de mi novia, no embromé en acudir a ella casi ignorando la condición en la que me hacía presente. Me acerqué a la cama por un costado, específicamente el izquierdo desde el respaldo. La hermana con mucha calma me escuchaba sobre lo que necesitaba si ayuda.
En muy poco rato resolvió mi problema.
Yo que estaba sentado en el colchón, muy cómodo por cierto, agradecídamente la miré y sonreí. Me enderecé y miré hacia mi frente. Había un gran espejo. Me alcanzaba a ver junto con la hermana de mi novia. Pero sentí una gran atracción a volver a mirarle. No dudé y lo hice, sin embargo me acerqué tanto a ella que me besó suavemente. Quedé pasmado. Me heché para atrás, pero me reincorporé enseguida y la besé tiernamente, recorriendo todo el borde de sus labios, probé cada linea de aquellos.
Todo esto sucedía, porsupuesto mientras su madre dormía. Sin embargo nuestra sensación fue lenta, sutil y precabida.
De un momento a otro, no pude seguir el juego con su boca y me alejé abrúptamente. Me senté en la orilla de la gran cama y para mi sorpresa estábamos en la orilla opuesta. Me levanté y caminé por un pasillo que daba a un dormitorio obscuro. Había un caos total con las cosas, ropas tiradas por aquí y allá. De pronto llega mi novia, mi querida niña, pero algo había en Ella, estaba maltraída, desgreñada, esmirriada, se notaba mal dormida. Su cabello estaba mojado. Al parecer venía de salida de la ducha. La tomé y la abracé, apretándola fuertemente, como si fuese a desaparecer. Me miraba con sus hermosos ojos, que apenas podía verlos.
No me habló, sólo me observaba con atención y ternura. Sentí ganas de besarla, pero no era capaz. Se veía tan frágil. Le volví a abrazar y todo se desvaneció.
El obscuro cuarto se hizo aún más negro y sólo me quedaba despertar.
Sentí mucha rabia, abrí mis ojos bruscamente....
Estaba en mi cama.
Afortunadamente sólo fue un mal sueño.
Mi tormento era fugaz.
Viernes, Julio 24°