Se acercaba raudamente la hora y cada minuto me impacientaba mucho
más. Mi corazón salía por mi garganta.
Necesitaba verte,
necesitaba sentir tus ojos mirándome, contemplándome como ninguna otra.
Necesitaba de tu voz, de tus susurros de complicidad... de tu
silencio. Había tanto que contar, tanto que decir, necesitaba saber qué te
aqueja, y qué entorpece tu descanso, qué te distrae de lo cotidiano y qué te
trae a ello.
Se nos venía
encima el tiempo, tan vertiginoso como el crecer del amor.
Ya se hacía tarde
y mi silencio no podía esperar más, sólo quería estar contigo. Sólo quería
compartir contigo el instante en que podía respirar, el instante en que el
corazón late, para que la vida recorra el cuerpo, le de tacto a mis manos y
visión a mis ojos que lo único bello que tienen es un pequeño destello del
brillo de los tuyos. Este día brillaban mucho más.
Mis intenciones si
bien no eran claras, eran voluntarias de improvisar. El silencio marchito me
había hecho calcular muy bien mi actuar y no esperaban nada a cambio más que me
dijeras cuanto quisieras decirme, pero que por fin escapara de ti. Que tus
inquietudes fuesen mías, tu silencio esboza magulladuras en mi alma.
Pero todo fue un
trámite...
Llegada la hora,
por fin te vi. Hermosa como siempre pero, si hubieses sido como la Luna...
estabas asomándote radiante tras un espectacular eclipse. Tras ese corte de
cabello eras más bella que en mis recuerdos. Pero todo pasó tan rápido...
No hubo espacio al
diálogo, sólo abocarnos a lo que programamos hacer. Tan frío y distante... dos
gotas de lluvia en el océano. Pero intenté buscarte, entre más aleteaba en el
mar, más agua dispersaba.
Terminamos de
configurar... era la hora de partir. No titubeaste en querer salir rápido, te
esperé unos segundos mirándote desde abajo... te veías tan grande, tan hermosa.
Como siempre te he visto, algo más que Yo, lo único bueno de mi... eres tú.
Camino a tu
destino no valía la pena decir palabras... el frío se las llevaría como el
calor que roba del aliento.
Sólo guardé un
silencio agobiante, transgresor. No quisiste ser lo suficientemente persuasiva
al preguntarme qué sucedía. No quise ser tan débil, quería ver tu
preocupación...
Lo demás fue más
triste, no supe cómo llegué a casa... ahora intento dormir, envuelto en
violines.
